viernes 27 de junio de 2008

Vídeo de los Viernes: El Futuro de la Nación

La película que se incluye a continuación: Vídeo de mi Cabrilla Motaza, mi baile s to wuapos, y Mis banderillas Nazis y Navajikas (2007), cuenta la historia de un elegido; uno de aquellos jóvenes llamados a levantar el país cuando los grandes de la nación -como Pipi Estrada o viejuno- nos hayamos extinguido.
Siéntanse libres de consultar la guía de visionado si en algún momento no entienden lo está ocurriendo, o simplemente se sienten desconcertados y asustados.



Guía de visionado:
  • Tras la foto de su churri (La Pava k sta Mas Buena de tor barrio), podemos ver unos fotogramas con Adolf Hitler. La lectura sexual es bastante clara: también se lo hace con enanos bigotudos.
  • Durante la coreografía (ensayada durante varias semanas, y ayudado por pastillas de colores), descubrimos que el protagonista no usa ropa interior. Esto se debe a que el estudio gastó todo el presupuesto del rodaje en el alquiler de la "motaka kabra".
  • Durante la exhibición de manejo de cuchillo de las SS ("la policía alemana", según jhony), se rodó una escena que no fue incluída en el metraje final, donde jhony el pinzas intentaba cortarse las venas al no aguantar más su propia personalidad.
  • El vestuario ha sido cedido por TOOOOOOGUAPOOOOOO, y forma parte de su colección primavera-verano 2008.
  • Incialmente el papel de jhony el pinzas, fue ofrecido a David Hasselhoff, pero fue imposible mantenerle sobrio durante las primeras sesiones de rodaje.
  • La banda sonora (ya disponible en la iTunes Store) ha sido compuesta por John Williams, en un intento por cambiar el estilo de sus últimas obras.
  • La crítica cinematrográfica se ha puesto en pie ante esta colosal obra de tan marcado contenido social. Vídeo de mi Cabrilla Motaza, mi baile s to wuapos, y Mis banderillas Nazis y Navajikas, ha recibido comentarios como:
nazi de mierda deverias estar muerto como Hitler...
Vaya baileciko wapo wapo...
decirme que esto es una burla o sino que alguien ya le a metido la daga por el culo...
Juas, este ignorante merece una paliza a toda regla...
  • Los rumores apuntan a una secuela, co-protagonizada por Batu The Dog
NOTA: El post de hoy está dedicado a poseiido. "Namaste", y buena suerte en su nuevo destino, lacayos como usted pueden contarse con los dedos de las manos.



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miércoles 25 de junio de 2008

El Increíble Hulk

Allá vamos otra vez.
Esta semana, mi improvisada incursión (motivada por la suspensión de un mítico duelo de squash) en el mundo del cine legal y en pantalla grande ha sido: El Increíble Hulk (The Incredible Hulk. 2008)


Comencemos esta vivisección rebosante de acritud y nada objetiva -como viene siendo habitual en esta santa casa- de la nueva aventura del gigante de jade, por donde debe hacerse, es decir, por el principio.

Primero repasemos los antecedentes. La primera adaptación a la gran pantalla (Hulk. 2003) corrió por cuenta del premiado director Ang Lee (Oscar a la Mejor Dirección por Brokeback Mountain en 2006), y para aquellos que no la hayan visto, aquí va un resumen con lo más significativo:

Papá, ¿por qué no me quieres? ¿es porque soy verde y grotesco?...lágrimas...tanque destrozado...lamentos....pelea con caniche gigante....rugido....destrucción de material militar...lágrimas y lamentos...fundido en negro (les acabo de ahorrar ciento veintisiete minutos de bostezo incontenible)

Tras abandonar la sala de cine congelado de frío -el aire acondicionado estaba ajustado a unos tres o cuatro grados aquel día-, me sentí embargado por un incómodo sentimiento de estafa. ¿Acaso no tenía que ser una película de superhéroes Marvel? ¿Donde estaba la acción en medio de aquellas más de dos horas de metraje? Un par de años después, recibí la respuesta a tanta incógnita. Después de ver Brokeback Mountain, tuve bien claro que Ang Lee había dirigido tal bastarda adaptación de las aventuras del monstruo marveliano, sólo con el fin de practicar; con el simple propósito de transimitir al espectador la misma sensación que quería plasmar en su próxima obra: la sodomía.

Dejando a un lado aquellos recuerdos -que ahora se pierden en el inmenso caos de películas y series que he visto con posterioridad-, volvamos al tema que nos ocupa esta calurosa mañana de Junio.

El Increíble Hulk está dirigida por el poco experimentado y francés (no con esto quiero decir que ambas cosas sean sean algo malo. Sólo una de ellas), Louis Leterrier.
Leterrier cuenta únicamente con otras dos películas en su haber de realizador: Batu Danny The Dog (2005) y Transporter 2 (2005). Con estas credenciales, era de esperar que el francés imprimiera a la cinta un ritmo frenético de acción, y el amor por el mamporro fácil y la acrobacia parecía asegurado. Pues sí. El nivel de acción ha mejorado sensiblemente entre la primera y la segunda aventura del monstruo de los rayos gamma, pero tampoco es para ponerse en pie y aplaudir.

El casting es el punto más negativo que se puede achacar a la cinta. Por un lado tenemos a Edward Norton en el papel de Bruce Banner/ Hulk. En el peor de los casos -y que yo recuerde nunca se ha dado-, Norton siempre está a la altura, y deja su impronta en cada personaje que toca. La implicación del actor fue total desde el primer momento (de hecho, él mismo asumió tareas de producción y reescribió parte del guión), y deja bastante claro, que -al contrario de lo que suele pensar el sector más snob de la industria cinematográfica-, no representa una deshonra que un gran actor, decida dar vida a un superhéroe en la gran pantalla. Si viejuno fuera actor, el hecho de interpretar a un superhéroe, sería como ir de vacaciones. Estoy convencido de que en la mayor parte de los casos, participar en una película de estas características, es un balón del oxígeno para actores de gran talla artística.

En la otra cara de la moneda, tenemos a un club de aficionados al teatro para rellenar casting. Les pondré en fila para que puedan tirarles fruta podrida si gustan:

Liv Tyler. Qué decir de esta chica que no se haya dicho ya. Cualquier seguidor de la trilogía de El Señor de los Anillos me dará la razón en esto: Liv Tyler (quien interpreta a Elisabeth Ross, novia de Banner) es una pésima actriz. Siento ser así de tajante, pero en este caso soy sincero conmigo mismo cuando les digo que: simplemente es una cara normal (que no bonita), que sólo sabe poner morritos (otra enfermedad que azota el mundo de la interpretación junto con el famoso Síndrome de Nicholas Cage), y que parece ahogarse en su papel por muy sencilla que sea la actuación que se le exige. En el caso de El Increíble Hulk, esto no es muy distinto.
Estoy de acuerdo por otra parte, en defender la idea de que es muy difícil tener que seguir en el punto donde lo dejó Jennifer Connelly (anterior Betty Ross); más que nada porque ella es mil veces más actriz, y mil veces más atractiva que la hija del líder de Aerosmith.
También se barajó el nombre de Jessica Biel para el papel. No hubiera mejorado el nivel de la película, pero al menos hubiera alegrado un poco la vista a todos los amantes de la carne.

Hay personas que nacen, viven y mueren siendo verdaderos macarras. Tim Roth es una de estas personas.
En esta ocasión, Roth interpreta a un soldado (Emil Blonsky) adicto al combate, contratado para parar los inmensos pies de Hulk, y quien no dudará en vender su humanidad para hacer frente al iracundo gigante. Aquí se introduce el tópico "El poder corrompe", como contrapunto al "Yo no pedí estos poderes" (eterno lamento del atormentado Bruce Banner), en un intento por colarnos dilemas metafísicos en medio de una película acerca de dos superseres que destrozan coches y rugen.
Este actor británico, parece incapaz de deshacerse de aquel traje negro, y aquellas maneras de matón, con los que le conociéramos en Reservoir Dogs (1992), opera prima del gran Quentin Tarantino. Todo atisbo de credibilidad interpretativa desaparece, cuando vemos a Roth en pantalla haciendo alarde de hablar chulesco impropio de un soldado británico -el habitual doblaje parece haber sido aumentado hasta el histrionismo-, y unos andares de semicojera que uno sólo espera de un proxeneta de los años setenta o de J.J Santos.

También aparece William Hurt en el papel de General Ross.
En su línea. A mí Hurt siempre me ha parecido tan expresivo como un lenguado. No hubiera reparado en su presencia, si su nombre no hubiera aparecido en los títulos de crédito.

Como secundario de lujo, encontramos a Lou Ferrigno, el Hulk original; quien sigue siendo una enorme montaña de músculos con pinta de buey. Otro impagable momento nostalgia (en la versión de Ang Lee también tenía su cameo), casi tan impagable como la ya habitual y fugaz aparición del padre de Marvel: Stan Lee.

No voy a hablar de los efectos especiales. Hoy en día no tiene sentido. Ya hemos visto demasiadas películas como para sorprendernos con la primera CGI que nos tiren a la cara. Baste con decir que son adecuados, que las escenas de acción -que se me antojaron insuficientes- son espectaculares, y que Hulk está mucho mejor diseñado que en la primera película (el primer diseño parecía un muñeco de plástico); mejor dicho, en la otra película, ya que -al contrario de lo que cree la mayoría-, El Increíble Hulk no es una continuación del film protagonizado por Eric Bana, sino una nueva visión de las destructivas andanzas del héroe más bruto de Marvel.

No es una buena película, pero logrará satisfacer mínimamente a todos aquellos seguidores del cine de acción, y de los Héroes Marvel. Atentos a la escena final (para mí lo mejor de los ciento catorce minutos de metraje), ya que abre una serie de posibilidades bastante atractivas.

Hablando de superhéroes... Antes de la proyección tuve la oportunidad de disfrutar del trailer de Hancock, apuesta segura para este verano. La participación de Will Smith, unida a altas dosis de acción, y ese sentido del humor marca de la casa, siempre son una apuesta segura.
El estreno de esta película, junto con el de El Caballero Oscuro (día 13 de Agosto), parece asegurarnos un verano cargado de superhéroes. Y si no les gusta, siempre pueden ir a ver las aventuras de esas tres arpías borrachas, que se dedican a acosar a jardineros y camareros, con la inestimable colaboración de su anciana y lasciva madre ¿cómo se llamaba?... Ah!, ya recuerdo: Sexo en Nueva York.



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viernes 20 de junio de 2008

Vídeo de los Viernes: Spanish Fighters (II)

En otra ocasión ya les hablé de los "spanish fighters" que últimamente pueblan youtube -en la vida real nunca llegarán a medirse el lomo-, pero hoy -a petición de simio/01- les traigo un par de nuevos vídeos acerca de este apasionante tema. Si no vieron la primera entrega de las aventuras de estos gladiadores de la era digital, pueden hacerlo aquí, niños y niñas.

El gran Batu The Dog, ante el amenazador comunicado de Due de VK, ha decidido buscar un nuevo compañero de batalla, para afrontar la colosal contienda con garantias. Un nuevo duo de justicieros, como en su día ya lo fueran Batman y Robin, o Rajoy y su niña, ve la luz. ¡Temblad, fuerzas del mal!


Pero mira al perro, pero miralo!!


Y es que Batu tiene todo para triunfar en Internet. No en vano una prestigiosa cadena de televisión canaria, le ha realizado una entrevista para que pueda hablar de temas de preocupación internacional, como la dura vida en la calle, las cabezas que quiere partir, y sus similitudes con David Beckham. Su proxima participación en Gran Hermano VIP (o reality similar), parece casi segura.



La entrevista se compone de tres partes. Si no han tenido suficiente, y se han vuelto yonkis del carisma del gran Batu The Dog, pueden continuar viéndola aquí (Parte 2) y aquí (Parte 3).



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martes 17 de junio de 2008

El Incidente

Mi última incursión cinematográfica estaba condenada al fracaso desde el principio.
El primer mal presagio fue lo intempestivo de la sesión; siempre he pensado que un domingo a las ocho de la tarde es el peor momento de la semana para ir al cine, y aún así dedicí tentar a la suerte. Mis funestas sospechas se confirmaron pronto cuando horrorizado descubrí que la sala rebosaba chandal blancos, pendientes de aro y gente equipada con bolsas de Burger King.
El segundo mal presagio, fueron mis inesperadas y optimistas expectativas -siempre hay que ir al cine esperando lo peor- ante una nueva película de M. Night Shyamalan (ahora he descubierto que la M es por Mamón).
Esta semana he sufrido con: El Incidente (The Happening.2008)



En un principio consideré el no diseccionar esta película. Resulta demasiado doloroso para mí, el hecho de ver como el talento de un hombre llamado a ser el Alfred Hitchcock del siglo veintiuno, se desinfla y desaparece a lo largo de producciones de peor y peor calidad argumental.

Este desecho de celuloide disfrazado de thriller, comienza cuando centenares de ciudadanos a lo largo de la Costa Este del Imperio USA, sufren un misterioso mal que les provoca confusión, parálisis, y finalmente un ansia irrefrenable de suicidio; emulando así a cualquier seguidor de la selección española de fútbol. La histeria se adueña de las calles -otra película de trama semiapocalíptica-, y a medida que las evacuaciones se suceden en los núcleos urbanos más importantes, los científicos se devanan los sesos intentando averiguar el origen de este fenómeno, que en un principio tacharon -la explicación fácil- de ataque terrorista.

Por muy sugerente que pueda parecer el argumento -y el trailer, que es preferible ver en lugar de la película, si deciden no tirar el dinero- a priori, no se dejen engañar. La idea original de este despropósito debió surgir así:

Una buena mañana, Shymalan se levantó de la cama y dijo: -¡Vaya, me apatece hacer una película de suicidios porque sí! Da igual si al final no doy explicaciones de nada; total, van a ir a verla igualmente...-

Y en esto consiste realmente esta película, niños y niñas. En un fatuo ejercicio de estupidez, tan olvidable como las rancias palomitas que consumí mientras contemplaba atónito, como otro de mis directores preferidos caía de cabeza a la cloaca.

Desde sus dos últimas películas: El Bosque (The Village. 2004), y La Joven del Agua (Lady in the Water. 2006), la labor de Shyamalan solo puede calificarse de mediocre. No se puede acostumbrar al espectador al jamón de Jabugo, para luego tirarle a la cara un paquete de chopped de Carrefour. Esto sería como si Scorsese se hubiera dedicado a hacer obras de arte del cine junto con Robert De Niro, y de buenas a primeras se decidiera a hacer películas soporíferas con Leonardo DiCaprio como protagonista... Un momento... ¡Eso ya ha pasado!

Aún reconociendo el estilo inconfundible del realizador/guionista/productor hindú, y tirando del clásico repertorio de recursos cinematográficos que incluyen el sobresalto y la imagen turbadora (amén de un nivel un tanto excesivo de casquería), el ritmo se rompe con la inclusión de estúpidos chascarrillos (humor amarillo STYLE!!) que eliminan cualquier hipotética sensación de suspense y desasosiego. ¿Dónde queda ahora aquella magnífica obra titulada El Sexto Sentido (The Sixth Sense.1999) donde uno lo pasaba tan bien, de lo mal que lo estaba pasando?
Es curioso que las dos mejores películas de Shyamalan -en mi humilde opinión de cinéfilo, aunque quien no esté de acuerdo conmigo no tiene idea de cine- sean precisamente El Sexto Sentido y El Protegido (Unbreakable.2000), ya que ambas cintas están ambientadas en la ciudad de Philadelfia (que aparte de ser un queso, es el nombre de la ciudad donde se crió Shyamalan), y en ambas tenemos a un gran Bruce Willis como protagonista.

El reparto está encabezado por Mark Wahlberg, a quien recordamos de aquella aberrante revisión de El Planeta de los Simios (Planet of the Apes. 2001) perpetrada por Tim Burton, de la fabulosa Boogie Nights (1997) y de algún spot de ropa interior. Wahlberg no será recordado, sin embargo, por su actuación en El Incidente, ya que no se puede considerar que levantar las cejas, poner cara de bobo, y actuar de científico experto en todos los campos (cuando en realidad es profesor de instituto) sea hilar una buena interpretación.
Como amigo/víctima potencial (no les estoy estropeando nada; su cara le delata desde el primer momento), encontramos al polifacético John Leguizamo, quien -olvidando esa pesadilla que es Super Mario Bros (1993)- suele dejar buen sabor de boca. En este caso -y salvo el buen hacer de algún secundario-, es lo único salvable dentro de un reparto tan mal seleccionado como prescindible.
Para plantar la semilla del ya clásico problema marital/familiar shyamalaniano, encontramos a la muñeca de trapo actriz Zooey Deschanel, quien sólo destaca por tener un nombre divertido (digno de mascota de un programa infantil de T.V). Hasta bien avanzada la película uno no repara en que se trate de un ser humano. Por lo menos no molesta. Ojos bonitos, por cierto.

La composición musical, corre por cuenta del maestro James Newton Howard, autor de la banda sonora de las anteriores obras de M. Night Shyamalan. Este apartado es lo único salvable de entre hora y media de tomadura de pelo y gente quitándose la vida de mil formas distintas. Bueno, esto y la aparición del maldito iPhone, al que se le ha reservado una memorable escena para los amantes del gore, la casqueria y los reality-show.

Señor Shyamalan, vuelva a casa. Vuelva a Philadelphia y traiga a Bruce Willis con usted.



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jueves 12 de junio de 2008

20 Minutos: Maliciosa observación periodística

No me gusta leer periódicos en papel. Me parecen medios manipulados, carentes de parcialidad, y sin embargo visito (en Internet) y leo con asiduidad 20 minutos. Este periódico tiene algo que me atrae, y es sin duda el ostentóreo sensacionalismo del que siempre hacen gala. No hay día en el que el titular no esté cargado de vil amarillismo y de palabras clave de carga explícitamente sexual. Por eso, en contadas ocasiones, suelo repasarlo a fondo en formato "papel", buscando mensajes ocultos (si Dan Brown y su legión de imitadores pueden hacerlo,...) en sus noticias, mientras embadurno las páginas con el aceite que rebosa de las tostadas de mi almuerzo.

Reconozco que 20 minutos es el rey del marketing periodístico. Saben mejor que nadie como captar al cuidadano medio (ergo, morboso). Recuerdo con especial cariño una noticia aparecida en primera página, cuyo titular rezaba lo siguiente: El Chupar se va a acabar. Cuando uno abría el periódico en busca de sórdida información acerca de prácticas orales, descubría que sólo se trataba de la desconcertante prohibición de no consumir chupa-chups -ahora y siempre el mejor invento español-, en un lugar que ya no recuerdo (sería lógico pensar en Ohio o algún paraje similar).

Cada día, uno puede encontrar decenas de ejemplos como el anterior. Los becarios de 20 minutos -un periodista de verdad nunca engendraría un contenido tan plagado de erratas y fallos de estilo-, se han especializado en los titulares cebo, y hoy he econtrado el siguiente:

Michel Gurfi: "Prefiero el jamón de york al serrano"

Permitánme que por un momento, vuelva a llevarles a aquella Sección de Ética periodística, que Caiga Quien Caiga tenía en tiempos mejores. Nada más leer esto -siempre a la defensiva, y motivado con un fuerte sentimiento patrio, propio de estos días de Eurocopa- me he visto obligado a leer la noticia al completo, esperando escupir bilis sobre las incendiarias declaraciones antiespañolas de este malévolo extranjero. ¿Cómo puede preferir alguien cuerdo el jamón de York al serrano?

He vuelto a caer como cada día. Frontis Nulla Fides. Con este periódico siempre es verdad. Nunca se debe confiar en las apariencias. Nada más buscar la cara de un supuesto inglesito pomposo en la web de 20 minutos, he descubierto mi craso error.

Michel Gurfi -y no Michael como mis viejunos e iracundos ojos me han hecho leer en un principio, y de ahí el error de nacionalidad-, no es un británico criado con la información marronácea de los tabloides ingleses, sino el actor argentino que interpretaba a un profesor de gimnasia chulazo (y nada creible), en la aberrante Física o Química (serie que espero vuelva pronto, ya que siento la necesidad de volver a vilipendiar). Y por supuesto, esta declaración que atenta contra el más representativo de nuestros iconos gatronómicos, que nos venden los entrañables becarios de 20 minutos, se esfuma como el humo cuando leemos la entrevista que Gurfi ha concedido a la publicación, con el motivo de su aparición en el último tramo de Los Serrano.

Fin de la contextualización. La verdadera pregunta y su respuesta a continuación (visto en 20 minutos):

¿Prefiere el de york al serrano?

Sí. Me gusta la comida baja en grasas y natural.


La pregunta carece de valor informativo, al igual que el resto de la entrevista.
Este hombre se sacrifica por su cuerpo, y reduce grasas. Fin de la historia. Pero con una simple descontextualización en el titular, logramos que miles de lectores de España entren a leer la noticia portando un cuchillo en la boca. Hubiera sido más sencillo algo como: Michel Dufri habla sobre Los Serrano. Pero claro, esto carece de sensacionalismo, y si llegan a hacerlo de este modo, probablemente tampoco me hubiera arrancado a exponer aquí esta serie de cuestiones.
Aunque supongo que tampoco hubiera importado demasiado.

NOTA: Yo tampoco creo que pasemos de cuartos.



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La Niebla

Stephen King fue mi Harry Potter.
Mientras que en la actualidad los niños empiezan a leer con las aventuras del mago gafotas, viejuno se forjó como lector recorriendo los pasillos enmoquetados del Hotel Overlook, mirando con pavor los ojos amarillos del payaso Pennywise, y coleccionando fobias varias. Ahora, King ha pasado de ser un gran escritor, para convertirse en un simple recuerdo agradable de mi infancia; sobre todo desde que escribe novelas como esta.

Mi antigua relación con King, el reencuentro con algunos amigos, y otros factores no menos importantes como la ingesta de un menú de McDonalds, me condujeron de un modo inevitable a la incursión cinematográfica de esta semana: La Niebla.


La historia no aporta nada nuevo. Un grupo de personas se ven encerradas en un supermercado, cuando una niebla surgida de la nada comienza a extenderse por el pueblo. Como ya he dicho nada nuevo. Pero La Niebla no destaca por su argumento repleto de monstruos infográficos -que aún así parece que hayan salido del cutrerío más Ed Wood-, ni por su casquería gratuita, ni mucho menos por sus actores; a los que con tachar de semidesconocidos ya estoy rebosando benevolencia.

No, La Niebla no es una película de terror al uso; tampoco puede definirse -como ya he leído en críticas de algunos "iluminados"- como:

Una cinta de Serie B que trata de ser una película de serie A con personajes demasiado maniqueos, hasta para lo que nos tiene acostumbrados el escritor

Vayamos por partes.

Las adaptaciones de obras de Stephen King (novelas, relatos cortos, poemas, dibujos en servilletas, trozos de papel higiénico usado,...) siempre han sido una fuente inagotable a la hora de que el guionista perezoso medio, pueda parir películas con cierto tirón comercial.
Desde la primera adaptación de una novela de Stephen King (Carrie. 1976), las películas y miniseries inspiradas o basadas en el trabajo del escritor de Maine, se han multiplicado en los últimos tiempos, como los reality show y los rumanos del carrito de la compra.

La mayoría de adaptaciones, se quedan en algo mediocre, o simplemente no logran transimitir nada en pantalla. Pero en contadas ocasiones, hemos asistido a películas que sin ser algo grandioso, dejan un buen sabor de boca. Más de uno ya debe estar pensando en Cadena Perpetua (The Shawshank Redemption. 1994) o La Milla Verde (The Green Mile. 1999). Ambas películas fueron dirigidas por Frank Darabont, al igual que La Niebla. Esa fue una de mis pocas esperanzas a la hora de ver ayer la película.
Aún tratándose de una decepción predecible (el relato en el cuál se basa no es para quitarse el sombrero), La Niebla tiene algunos puntos a favor.

El primero fue la ausencia de actores de prestigio. Cuando entro en una sala de cine sabiendo que la película es una chapuza, me llena de ira comprobar que actores de mi predilección, se embrollan en papeles anodinos y tiran su carrera por la taza del w.c. Efectivamente, volvemos a hablar del Síndrome Nicholas Cage; pero como ya tratamos ese tema otro día, no me extenderé más... Bueno, tengo que decirlo. Antes de la película proyectaron el trailer de la nueva aberración de Nick: Bangkok Dangerous (2008)... Sin comentarios, el título ya lo dice todo.

Otro punto a favor de La Niebla, se percibe cuando uno observa el argumento desde un punto de vista global. No se trata de la típica película de monstruos con casquería gratuita -que la hay-. Cuando encierras a un grupo de personas, y les sometes a situaciones de pánico, las reacciones tienden a ser impredecibles y -en la mayoría de casos- de repercusiones catastróficas. Pues bien, fuera del cine había hordas de gente luchando para llenar el depósito del coche, y dentro del cine yo estaba viviendo la angustia del encierro dentro del supermercado junto con el resto de personajes. No se me ocurre mejor película para ver en tiempos apocalípticos como los que vivimos. A ratos, La Niebla es uno de los mejores estudios de la conducta humana que he presenciado en toda mi vida.

En el apartado de situaciones extremas, tengo que destacar la labor de la actriz Marcia Gay Harden, a quien sólo recuerdo por haber interpretado a una hermana pusilánime -y un tanto sobreactuada- en Conoces a Joe Black? (Meet Joe Black. 1998), infumable drama romántico de tales proporciones, que ni la preciosa mirada de Claire Forlani logró converceme. Marcia Gay Halden interpreta a la loca del pueblo (¿qué pueblo no tiene uno?), quien -aprovechando las situación-, se eregirá como profeta de Dios. Nunca vi mejor retratada la base de todas las religiones. Actuación sobresaliente.

Lo que más me hizo disfrutar ayer de estas dos horas de proyección, fue algo difícil de explicar para todo aquel que no esté bien empapado de la obra de Stephen King. Se trata de algo que confirmé al volver a mi guarida, y sólo tras releer algunas partes concretas del relato. Existen -como es habitual- muchos pasajes que han sido modificadas por propósitos de espectacularidad o ritmo argumental, pero en este caso las modificaciones, lejos de estropear el resultado final, no sólo la mejoran, sino que la convierten en algo más.

Por un momento, durante el tramo final de la película, tuve la impresión de que las voces de millones de fans de Stephen King gritaran a viva voz: ¿Lo ves Steve?, así eras tú antes, Queremos que vuelvas a hacer cosas como estas.
La adaptación es claramente superior al relato, sobre todo en lo referente a la valentía con la que se han tratado ciertas escenas. Cuando la vean -si es que lo hacen- me entenderán.

Para terminar -últimamente me cuesta echar el freno al escribir-, diré que es una película entretenida, pero no especialmente brillante.
Para pasar el rato y poco más.
Para los seguidores de King, diré que La Niebla -si tenemos en cuenta los nuevos aspectos que se han incluído en la adaptación- es más Stephen King de lo que Stephen King ha sido en veinte años.



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miércoles 11 de junio de 2008

Don´t Panic!

El individuo puede ser inteligente, pero sin ninguna duda, la masa es estúpida e ignorante.

Por un lado, admito que el sentimiento preapocalíptico que inunda estos días España, me tiene bastante entretenido. Sin embargo, por otro lado, vuelvo a sentirme avergonzado de pertenecer a este país, estado, realidad nacional, o como quiera que lo llamen ahora.

No es la primera -ni mucho menos la última, viendo el nivel de las arcas públicas, así como la nefasta gestión económica realizada por el gobierno- vez que la sociedad española se enfrenta a una huelga de estas características, y sin embargo, el pánico se adueña de las calles.
Ante el caos, los supermercados abren con la amenaza de saqueo en la misma puerta. En las gasolineras, aquellos engendros punk salidos de Mad Max, enarbolan mazas y ballestas, y comienzan a robar combustible como el más preciado de los bienes (incluso cuando tienen los depósitos a rebosar).
Caos, confusión, alarmismo innecesario.



Eso si, cuando se acerca la hora de ver jugar a "la roja", ya se nos ha olvidado el fin del mundo. Maldita hipocresía.
Nos sentamos cómodamente en nuestro sillón favorito, abrimos una cerveza bien fría, subimos las piernas encima de la mesa, y ya pueden pitar los camioneros todo lo que quieran; durante noventa minutos el apocalipsis tendrá que esperar, cerraremos las ventanas, y los pitidos del árbitro serán los únicos que importarán. Lo único real en este momento es la Eurocopa, hasta que mañana por la mañana volvamos al trabajo con nuestra mejor cara de refugiado checheno, y hagamos uso y abuso de expresiones como "que mal está la cosa", "es imposible comprar una barra de pan", "que mal lo vamos a pasar" o "yo por lo que pudiera durar esto, he comprado diez cajas de leche".


Parece que hemos olvidado la Guerra Civil, la Posguerra, la escasez, y la "educación" en los colegios falangistas de Auxilio Social. No hace tanto de aquello.

Tanto tiempo hemos vivido arropados por el estado del bienestar, que a la mínima señal de problemas, nos encomendamos a deidades varias, nos escondemos bajo la cama y esperamos la llegada de lo peor. Esperen a que lleguen problemas de verdad antes de hacer suicidios en masa, por favor.
Además, el mundo no va a terminar con la huelga de transportes, sino el catorce de Agosto con un experimento con tintes de ciencia ficción, según he podido leer aquí.

En fin, aprovechen lo poco que les queda. Pasen tiempo con sus familiares, compren toneladas de leche, pan y alimentos imperecederos, bidones de combustible, iPhones, y sobre todo muchas armas de fuego.
Alimenten la paranoia. Es permisible pensar que el vecino quiera robarles la comida al verse ante una situación tan desesperada.



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viernes 6 de junio de 2008

Vídeo de los Viernes: ¿Lo marginal es divertido?

Vuelven los inevitables vídeos de los viernes. Esta clase de post tiene fecha de caducidad, ya que los vídeos de youtube aparecen y desaparecen, así que no esperen que esto permanezca aquí la próxima vez que entren. Estoy harto de recibir correos electrónicos cargados de prostestas, amenazas, demandas de parternidad y faltas de ortografía. Advertidos están.

Hoy quiero hacer un homenaje a la marginalidad provocada por el alcohol. Quien más y quien menos se ha emborrachado alguna vez. Así es, cada copa es un paso en el camino hacia la marginalidad. Cada uno de nosotros es carne de Callejeros, así que es mejor asumirlo. Veámos un par de muestras de marginalidad etílica.

Primero, el archiconocido vídeo en el que vemos a David Hasselhoff borracho como una cuba.



Divertido, ¿verdad? Bueno, no nos pongamos tan serios.

Ahora una recopilación (con música simpaticona incluida), de los mejores momentos de borrachos.



Amigo lector o amiga lectora, usted es marginal cada vez que se emborracha.

Ahora les dejo, tengo pendiente un concurso de tapones de tequila con el fantasma de Jim Morrison. ¡Viva la marginalidad etílica!





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martes 3 de junio de 2008

Season Finale, Oportunismo televisivo y otras desgracias

Para los profanos o enemigos acérrimos de los anglicismos -palabra que al ver escrita sugiere algo relacionado con la iglesia británica-, diré que el término season finale se refiere al final de temporada de una serie de televisión.

El asunto de las temporadas nos llega -como casi todo lo audiovisualmente aceptable-, del Imperio USA. Aquí en España, hasta hace bien poco desconocíamos -o simplemente no usabamos- la palabra temporada, nos limitábamos a decir que "se acaba la serie", "Chanquete ha muerto", o "es el último capítulo de...". Pero sepan que las series se dividen en temporadas, y las temporadas llegan a su fin; eso es una Season Finale: uno o dos capítulos que cierran un arco argumental, o simplemente le dejan a uno -pido perdón por el arranque escatológico- con el culo torcido o con la mierda en la boca.

¿A qué viene esta explicación? Pues a que se acerca la season finale y final definitivo de una serie veterana de las parillas televisivas: Los Serrano.

Confieso. Yo vi varios capítulos de Los Serrano. Pero también les diré que desde el mismo momento en el que la relación cuasi pederasta entre Fran Perea y la profesora calentorra finalizó, y dejaron de contar con los servicios de Elsa Pataki, recuperé mi buen criterio, y me perdieron para siempre como espectador. Hay público fácil dentro de todos y cada uno de nosotros, y esos guionistas tan depravados saben como encontrarlo.

Los Serrano, después de una interminable cadena de despropósitos argumentales que incluyen el sexo como piedra angular, las desapariciones de actores de la noche a la mañana -lo cuál nos remite a otros casos tan siniestros como la desaparición de la hija pequeña de Cosas de Casa, quien por cierto, ha conseguido hacerse un nombre en el mundo del cine porno,... pero este es otro tema que será discutido en su momento-, muertes sin sentido, y lo más alarmante de todo: el súbito aumento pectoral de Belén Rueda -el cuál me parecío más terrorífico que El Orfanato-, ha anunciado el fin de temporada para dentro de unos siete capítulos.

La versión cañí y marranesca de La Tribu de los Brady (The Brady Bunch) llega a su fin, y ni me alegro ni me disgusto; para mí, Los Serrano es simplemente un anuncio cutre de televisión, en medio del zapping enfermizo que practico cuando quiero enervar los que me rodean. El -previsiblemente chapucero- final de la serie no escribirá una nueva página en la historia de la televisión.

Contraejemplo:
Lost (o Perdidos).
Season finale de la cuarta temporada.
Durante una semana he aguantado la tensión mordiéndo mis uñas, compartiendo teorías descabelladas con otros seguidores (creyentes), y revisionando algunos de los capítulos memorables de anteriores temporadas... ¿soy un enfermo? puede, pero al menos no soy el único. Recuerden que hablamos de una serie que no se retransmite en España, y aún así cuenta con un fandom demencial.

¿Es equiparable este estado de excitación al de un -hipotético- fan letal serranista? Jamás.
Lost
es metatelevisión, televisión fuera de la simple televisión. Entre el final de cada capítulo y el siguiente Previously on Lost... (Anteriormente en Perdidos...), Internet se colapsa con absurdas especulaciones, rumores y demás información superflua. No creo que nadie comente lo mal que lo pasa el tal Fiti.

No es necesario buscar en los infiernos de las series que por estúpida moda, son etiquetadas "para frikis". Donde he dicho Lost -aunque en menor grado, y eliminando el factor de masoquismo que conlleva ser fan de las desventuras de los supervivientes del Oceanic 815-, coloquen el nombre de cualquiera de sus series USA preferidas. ¿Es la misma sensación asistir al -normalmente- espectacular fin de temporada de una de estas producciones, que escuchar por última vez el maligno Uno más uno son siete? Jamás.

En el último post volví a ponerme el vestido de plañidera, y lloré amargamente la muerte del cine español. Hoy lloro la muerte de la televisión española. Y no me refiero al canal, ya que lleva muerto desde Naranjito.
Hace un rato leí una noticia, que representa a la perfección, una nueva pala de tierra sobre el ataud donde yace la caja tonta patria. Parece ser que mis queridos amigos de Antena 3 -sarcasmo gratuito-, han decidido producir una perversión nacional de House. Este aborto oportunista atenderá al nombre de Doc Martin -personificado por Gonzalo de Castro, al que recordamos de Siete Vidas,... yo sólo logro recordarle en Siete Vidas-, y pretende contar la historia de un brillante pero hosco médico, quien deja su plaza en la gran ciudad para ejercer en el pueblo donde pasó sus vacaciones en la infancia -esto añade el factor costumbrista y abre un abanico de posiblidades con chistes de catetos de pueblo y humor rural-.

Los seguidores de House debemos comenzar a afilar los cuchillos. Pásalo.



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lunes 2 de junio de 2008

Los Crímenes de Oxford

Nefasto es un término que bien podría definir mi fin de semana cinematográfico, niños y niñas.

Ayer se quemaban los famosos Universal Studios.
Puede que alguien afín a mis pensamientos, y ante un nivel intolerable de descontento, haya decido poner fin a la vida de esta factoría de sueños impresos en celuloide, ante tanta porquería que asola nuestras pantallas actualmente.

Al leer la noticia, y por un breve instante, incluso llegué a pensar que tal vez hubiera sido yo mismo el autor de semejante fechoría. Afortunadamente, justo después recordé, que a esa hora vagaba por las calles de White Chapel con un cuchillo en el bolsillo, sólo para recordar viejos tiempos.

El incendio de los Estudios Universal, sólo es la guinda a un fin de semana cargado de despropósitos. Paso a relatar mis impresiones sobre la película que amargó mi noche de viernes. También podría escupir bilis sobre otras grandes pérdidas de tiempo, como han sido Disturbia (2007) -vano intento de reconciliación con Shia LaBeouf- y La Brújula Dorada (The Golden Compass. 2007) -bostezo-, pero finalmente me he decantado por Los Crímenes de Oxford (2008).


Este thriller -por llamarlo de algún modo-, narra los sucesos acontecidos en la ciudad universitaria de Oxford, durante la estancia de un jóven estudiante americano (Frodo Elijah Wood) de postgrado.
Como indica el título -así que no es una gran sorpresa-, una serie de crímenes se sucederán, y debido a que los asesinatos parecen corresponder con un patrón lógico de símbolos, un viejo profesor y el mencionado estudiante tratarán de parar los pies al asesino haciendo uso de sus mentes privilegiadas (o al menos eso creen ellos).

Desde Zodiac (2007) no me he aburrido tanto viendo una película. Predecible. Absurda.

Álex De la Iglesia vuelve a decepcionarme en sus tareas de dirección. Y lo que más me apena es que esto parece haberse convertido en una costumbre. ¿Qué queda de aquel genio creador de Acción Mutante (1993), El día de la bestia (1995) o Perdita Durango (1997)? Una de las últimas esperanzas para la salvación del cine patrio desaparece.

A nivel interpretativo, sólo unos breves apuntes. La tarea es demasiado dolorosa como para tener que profundizar en el tema, aún así me veo obligado a hacerlo. Llámenlo incontenible sentimiento de vergüenza ajena, si lo desean.

Elijah Wood intenta quitarse las orejas de hobbit durante toda la cinta. Por breves instantes parece que lo ha logrado, y sin embargo no llega a convencer en ningún momento de que sea un actor. Siempre será Frodo Bolsón. El estigma tolkiniano no es fácil de borrar.

John Hurt tiene una aportación correcta, según lo esperado. Interpreta a un matemático -realmente interpreta al típico científico genérico de las películas-, no me atrevería a decir que de un modo convincente, aún así tiene más presencia de actor que el resto del plantel. Esto tampoco es demasiado meritorio, ya que los fallos son fáciles de tapar echando mano de veteranía, y el buen hombre ya cuenta con sesenta y ocho años, cuarenta y siete de los cuáles han transcurrido delante de una cámara.

No dejo de preguntarme qué pinta Leonor Watling en la película. Su personaje es algo totalmente innecesario, y desde un primer momento, sabemos que antes o después acabará enseñándonos el marlango. Su aportación es la del sexo gratuito. Si. Lo han adivinado, estamos ante una película de nacionalidad española. Buñuel continúa retorciéndose en su tumba.

Entre el resto del elenco, podemos reconocer a Julie Cox, siempre flirteando con la anorexia, pero muy correcta también; claro que ella juega con la ventaja de ser actriz británica de pura cepa. Me llamó la atención descubrir la desagradable cara de Burn Gorman (al que algunos recordarán de la serie Torchwood), y a un tal Jim Carter en el papel del inspector de policía despistado de turno. Lo único que puede decirse de Mr. Carter, es que su cara más bien parece una grotesca careta. Y no fui el único en pensarlo.

Como suele ser habitual en las producciónes europeas con una mínima campaña de marketing de por medio, Los crímenes de Oxford cuenta con Dominique Pinon, ya saben: francés, cara peculiar, Amélie (2001), La Gran Aventura de Mortadelo y Filemón (2003),... ¿saben ya de quién estoy hablando? En caso contrario no importa; de todos modos siempre me pareció un actor mediocre.

El guíon corresponde a una adaptación de la novela homónima del argentino Guillermo Martínez. En este punto, mis sentimientos se tornan confusos. No sé si culpar de este bodrio a la propia novela original, o más bien dedicarme durante algunas líneas más, a crucificar la infame adaptación realizada por la pluma de Jorge Guerricaechevarría y Álex De la Iglesia. En cualquier caso el resultado es el mismo; Los crímenes de Oxford no deja de ser una absurda novelilla detectivesca con intento de base lógica/matemática, un par de vistazos gratuitos a los pezones de la Watling, y un final insultantemente absurdo.

¿Algo puede salvarse dentro de las dos horas que dura la película? Si. Siempre hay algo bueno. En este caso la única estrella brillante en un cielo oscuro, es la música de Roque Baños. Este veterano de las bandas sonoras made in spain -y murciano, para más señas- vuelve a dejar su sello de calidad -y otra demostración de su versatilidad, no en vano estamos hablando del compositor de la BSO de... Torrente- con momentos realmente brillantes (les invito a recrear sus oídos en la escena de la celebración del 5 de noviembre).

Cine español... ¿Qué vamos a hacer contigo?



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