Stephen King fue mi Harry Potter.
Mientras que en la actualidad los niños empiezan a leer con las aventuras del mago gafotas, viejuno se forjó como lector recorriendo los pasillos enmoquetados del Hotel Overlook, mirando con pavor los ojos amarillos del payaso Pennywise, y coleccionando fobias varias. Ahora, King ha pasado de ser un gran escritor, para convertirse en un simple recuerdo agradable de mi infancia; sobre todo desde que escribe novelas como esta.
Mi antigua relación con King, el reencuentro con algunos amigos, y otros factores no menos importantes como la ingesta de un menú de McDonalds, me condujeron de un modo inevitable a la incursión cinematográfica de esta semana: La Niebla.

La historia no aporta nada nuevo. Un grupo de personas se ven encerradas en un supermercado, cuando una niebla surgida de la nada comienza a extenderse por el pueblo. Como ya he dicho nada nuevo. Pero La Niebla no destaca por su argumento repleto de monstruos infográficos -que aún así parece que hayan salido del cutrerío más Ed Wood-, ni por su casquería gratuita, ni mucho menos por sus actores; a los que con tachar de semidesconocidos ya estoy rebosando benevolencia.
No, La Niebla no es una película de terror al uso; tampoco puede definirse -como ya he leído en críticas de algunos "iluminados"- como:
Una cinta de Serie B que trata de ser una película de serie A con personajes demasiado maniqueos, hasta para lo que nos tiene acostumbrados el escritor
Vayamos por partes.
Las adaptaciones de obras de
Stephen King (novelas, relatos cortos, poemas, dibujos en servilletas, trozos de papel higiénico usado,...) siempre han sido una fuente inagotable a la hora de que el guionista perezoso medio, pueda parir películas con cierto tirón comercial.
Desde la primera adaptación de una novela de Stephen King (
Carrie. 1976), las películas y miniseries inspiradas o basadas en el trabajo del escritor de Maine, se han multiplicado en los últimos tiempos, como los reality show y los rumanos del carrito de la compra.
La mayoría de adaptaciones, se quedan en algo mediocre, o simplemente no logran transimitir nada en pantalla. Pero en contadas ocasiones, hemos asistido a películas que sin ser algo grandioso, dejan un buen sabor de boca. Más de uno ya debe estar pensando en
Cadena Perpetua (The Shawshank Redemption. 1994) o
La Milla Verde (The Green Mile. 1999). Ambas películas fueron dirigidas por
Frank Darabont, al igual que
La Niebla. Esa fue una de mis pocas esperanzas a la hora de ver ayer la película.
Aún tratándose de una decepción predecible (el relato en el cuál se basa no es para quitarse el sombrero),
La Niebla tiene algunos puntos a favor.
El primero fue la ausencia de actores de prestigio. Cuando entro en una sala de cine sabiendo que la película es una chapuza, me llena de ira comprobar que actores de mi predilección, se embrollan en papeles anodinos y tiran su carrera por la taza del w.c. Efectivamente, volvemos a hablar del
Síndrome Nicholas Cage; pero como ya tratamos ese tema otro día, no me extenderé más... Bueno, tengo que decirlo. Antes de la película proyectaron el trailer de la nueva aberración de
Nick:
Bangkok Dangerous (2008)... Sin comentarios, el título ya lo dice todo.
Otro punto a favor de
La Niebla, se percibe cuando uno observa el argumento desde un punto de vista global. No se trata de la típica película de monstruos con casquería gratuita -que la hay-. Cuando encierras a un grupo de personas, y les sometes a situaciones de pánico, las reacciones tienden a ser impredecibles y -en la mayoría de casos- de repercusiones catastróficas. Pues bien, fuera del cine había hordas de gente luchando para llenar el depósito del coche, y dentro del cine yo estaba viviendo la angustia del encierro dentro del supermercado junto con el resto de personajes. No se me ocurre mejor película para ver en tiempos apocalípticos como los que vivimos. A ratos,
La Niebla es uno de los mejores estudios de la conducta humana que he presenciado en toda mi vida.
En el apartado de situaciones extremas, tengo que destacar la labor de la actriz
Marcia Gay Harden, a quien sólo recuerdo por haber interpretado a una hermana pusilánime -y un tanto sobreactuada- en
Conoces a Joe Black? (Meet Joe Black. 1998), infumable drama romántico de tales proporciones, que ni la preciosa mirada de
Claire Forlani logró converceme. Marcia Gay Halden interpreta a la loca del pueblo (¿qué pueblo no tiene uno?), quien -aprovechando las situación-, se eregirá como profeta de Dios. Nunca vi mejor retratada la base de todas las religiones. Actuación sobresaliente.
Lo que más me hizo disfrutar ayer de estas dos horas de proyección, fue algo difícil de explicar para todo aquel que no esté bien empapado de la obra de
Stephen King. Se trata de algo que confirmé al volver a mi guarida, y sólo tras releer algunas partes concretas del relato. Existen -como es habitual- muchos pasajes que han sido modificadas por propósitos de espectacularidad o ritmo argumental, pero en este caso las modificaciones, lejos de estropear el resultado final, no sólo la mejoran, sino que la convierten en algo más.
Por un momento, durante el tramo final de la película, tuve la impresión de que las voces de millones de fans de
Stephen King gritaran a viva voz:
¿Lo ves Steve?, así eras tú antes, Queremos que vuelvas a hacer cosas como estas.
La adaptación es claramente superior al relato, sobre todo en lo referente a la valentía con la que se han tratado ciertas escenas. Cuando la vean -si es que lo hacen- me entenderán.
Para terminar -últimamente me cuesta echar el freno al escribir-, diré que es una película entretenida, pero no especialmente brillante.
Para pasar el rato y poco más.
Para los seguidores de
King, diré que
La Niebla -si tenemos en cuenta los nuevos aspectos que se han incluído en la adaptación- es más Stephen King de lo que Stephen King ha sido en veinte años.
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