Morrissey - Vauxhall and I
Como prometí a mi estimado amigo heinch en el último telegrama, he abandonado mi escucha exclusiva de Wagner, y procedo a transcribir mis impresiones acerca de Vauxhall and I (1995), trabajo considerado como uno de los mejores en la trayectoria del músico británico Morrissey.
Primero me gustaría centrarme en el artwok.
Una primera mirada, basta para darnos cuenta de que Morrissey se mola a sí mismo.
Esos ojos azules son sólo el destello de la primera estrella situada en una galaxía traumática, entrópica y metamórfica en la que se dan cita las neuras de aquel simpático hooligan del Manchester United, que tras la celebración de un gol -y en delicioso trance de ebriedad- se abrazó con otro jubiloso hincha de los "reds". De aquel frote pélvico no planeado, nació el germen de una planta que el mundo más tarde conocería como The Smiths. Steven Patrick Morrissey había muerto, Morrissey había llegado; y lo hacía dispuesto a purgar toda la frustración que llevaba dentro hasta convertirse en un ser puro, ¡y sin necesitar a Paulo Coelho!
En este Vauxhall and I, el de manchester despliega sus mejores armas: el falsete marca de la casa, las melodias sobrias y las letras con profundo contenido -que sólo entienden él mismo y un par de socios sodomitas-. Temas como Used to Be a Sweet Boy (Solía ser un chico dulce), hacen que mi ano dilate, mi corazón rebose de bondad y me entren terribles ganas de adoptar a decenas de niños vietnamitas; tal y como hace Brangelina... Esto último ha sonado muy mal.
A nivel general, querido heinch, he de decir que Morrissey ha llevado a este viejuno cuerpo al paroxismo, hasta atisbar las fronteras del Nirvana de la música. En ciertos cortes, he logrado fundir mi alma con el elegantemente atormentado músico británico que al fin se ha aceptado a sí mismo, logrando ser uno sólo -ahora y siempre indivisible- con su obra.
Porque, ¿qué puede decir un simple mortal como yo de la obra de Morrissey? Es la perfección absoluta, la música hecha milagro, la escena de "El aseo más sucio de Escocia" (Trainspotting. 1996), pero sin los pegotes de caca, el reverso luminoso del Aqualung de Jethro Tull.
Morrissey es el elegido para traer el equilibrio al mundo gafapasta, porque como tu mismo me dijiste, estimado amigo, el hecho de que a uno le guste Morrissey le impermeabiliza para no ser una loca, dando un toque glamouroso y culto que permite a uno convertirse en un ser perfecto: un gay-gafapasta.
¿Morrissey es gay? Ese es un tema indiferente, pero alguien que es vegetariano y grita a los cuatro vientos que le encantan los nabos, no está jugando al cluedo precisamente.
¿Pero he escuchado el disco entero? Evidentemente no. Tras dos o tres canciones, mi vista se desviada con demasiada frecuencia hacia el culo de mis compañeros de trabajo y las melodías de Vauxhall and I se veían enturbiadas por el tema principal de Pasión de Gavilanes dentro de mi viejuna cabeza, así que por el bien de mi condición heterosexual -tan difícil de mantener en estos tiempos carnales, en los que la curva de los labios de El Duque escribe el curso de la historia de este país- debo volver al confort del jazz y la clásica. Esta música también tiene sus riesgos, no lo discuto. Uno empieza a profundizar demasiado en Mahler y Coltrane, y acaba fijándose en la niña china que ha adoptado con Mia Farrow...
Gracias por la recomendación. Me ha gustado. Prometo escucharlo entero y la próxima vez que vaya a Madrid me pasaré por Chueca a visitarte y ya comentamos.
P.D: Me quedo con RadioHead.
