Los Crímenes de Oxford
Nefasto es un término que bien podría definir mi fin de semana cinematográfico, niños y niñas.
Ayer se quemaban los famosos Universal Studios.
Puede que alguien afín a mis pensamientos, y ante un nivel intolerable de descontento, haya decido poner fin a la vida de esta factoría de sueños impresos en celuloide, ante tanta porquería que asola nuestras pantallas actualmente.
Al leer la noticia, y por un breve instante, incluso llegué a pensar que tal vez hubiera sido yo mismo el autor de semejante fechoría. Afortunadamente, justo después recordé, que a esa hora vagaba por las calles de White Chapel con un cuchillo en el bolsillo, sólo para recordar viejos tiempos.
El incendio de los Estudios Universal, sólo es la guinda a un fin de semana cargado de despropósitos. Paso a relatar mis impresiones sobre la película que amargó mi noche de viernes. También podría escupir bilis sobre otras grandes pérdidas de tiempo, como han sido Disturbia (2007) -vano intento de reconciliación con Shia LaBeouf- y La Brújula Dorada (The Golden Compass. 2007) -bostezo-, pero finalmente me he decantado por Los Crímenes de Oxford (2008).
Este thriller -por llamarlo de algún modo-, narra los sucesos acontecidos en la ciudad universitaria de Oxford, durante la estancia de un jóven estudiante americano (Frodo Elijah Wood) de postgrado.
Como indica el título -así que no es una gran sorpresa-, una serie de crímenes se sucederán, y debido a que los asesinatos parecen corresponder con un patrón lógico de símbolos, un viejo profesor y el mencionado estudiante tratarán de parar los pies al asesino haciendo uso de sus mentes privilegiadas (o al menos eso creen ellos).
Desde Zodiac (2007) no me he aburrido tanto viendo una película. Predecible. Absurda.
Álex De la Iglesia vuelve a decepcionarme en sus tareas de dirección. Y lo que más me apena es que esto parece haberse convertido en una costumbre. ¿Qué queda de aquel genio creador de Acción Mutante (1993), El día de la bestia (1995) o Perdita Durango (1997)? Una de las últimas esperanzas para la salvación del cine patrio desaparece.
A nivel interpretativo, sólo unos breves apuntes. La tarea es demasiado dolorosa como para tener que profundizar en el tema, aún así me veo obligado a hacerlo. Llámenlo incontenible sentimiento de vergüenza ajena, si lo desean.
Elijah Wood intenta quitarse las orejas de hobbit durante toda la cinta. Por breves instantes parece que lo ha logrado, y sin embargo no llega a convencer en ningún momento de que sea un actor. Siempre será Frodo Bolsón. El estigma tolkiniano no es fácil de borrar.
John Hurt tiene una aportación correcta, según lo esperado. Interpreta a un matemático -realmente interpreta al típico científico genérico de las películas-, no me atrevería a decir que de un modo convincente, aún así tiene más presencia de actor que el resto del plantel. Esto tampoco es demasiado meritorio, ya que los fallos son fáciles de tapar echando mano de veteranía, y el buen hombre ya cuenta con sesenta y ocho años, cuarenta y siete de los cuáles han transcurrido delante de una cámara.
No dejo de preguntarme qué pinta Leonor Watling en la película. Su personaje es algo totalmente innecesario, y desde un primer momento, sabemos que antes o después acabará enseñándonos el marlango. Su aportación es la del sexo gratuito. Si. Lo han adivinado, estamos ante una película de nacionalidad española. Buñuel continúa retorciéndose en su tumba.
Entre el resto del elenco, podemos reconocer a Julie Cox, siempre flirteando con la anorexia, pero muy correcta también; claro que ella juega con la ventaja de ser actriz británica de pura cepa. Me llamó la atención descubrir la desagradable cara de Burn Gorman (al que algunos recordarán de la serie Torchwood), y a un tal Jim Carter en el papel del inspector de policía despistado de turno. Lo único que puede decirse de Mr. Carter, es que su cara más bien parece una grotesca careta. Y no fui el único en pensarlo.
Como suele ser habitual en las producciónes europeas con una mínima campaña de marketing de por medio, Los crímenes de Oxford cuenta con Dominique Pinon, ya saben: francés, cara peculiar, Amélie (2001), La Gran Aventura de Mortadelo y Filemón (2003),... ¿saben ya de quién estoy hablando? En caso contrario no importa; de todos modos siempre me pareció un actor mediocre.
El guíon corresponde a una adaptación de la novela homónima del argentino Guillermo Martínez. En este punto, mis sentimientos se tornan confusos. No sé si culpar de este bodrio a la propia novela original, o más bien dedicarme durante algunas líneas más, a crucificar la infame adaptación realizada por la pluma de Jorge Guerricaechevarría y Álex De la Iglesia. En cualquier caso el resultado es el mismo; Los crímenes de Oxford no deja de ser una absurda novelilla detectivesca con intento de base lógica/matemática, un par de vistazos gratuitos a los pezones de la Watling, y un final insultantemente absurdo.
¿Algo puede salvarse dentro de las dos horas que dura la película? Si. Siempre hay algo bueno. En este caso la única estrella brillante en un cielo oscuro, es la música de Roque Baños. Este veterano de las bandas sonoras made in spain -y murciano, para más señas- vuelve a dejar su sello de calidad -y otra demostración de su versatilidad, no en vano estamos hablando del compositor de la BSO de... Torrente- con momentos realmente brillantes (les invito a recrear sus oídos en la escena de la celebración del 5 de noviembre).
Cine español... ¿Qué vamos a hacer contigo?
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2 respuestas:
Nunca he entendido como algunas personas consideran que enseñar unas tetas en pantalla es algo fuera de lo normal o algo gratuito, señores, desmarquémonos de tanto moralismo y mojigatería del cine made in Hollywood, todas las mujeres tienen dos tetas y es una parte del cuerpo como cualquier otra (además es una parte bonita).
Espero que algún día la gente no se asuste al ver dos tetas en una película y no lo considere como algo gratuito.
No he visto la película en cuestión aunque tampoco me muero de ganas de verla, una vez leida tu crítica que he de decirte que coincide con la opinión que ya tenía de ella. Respecto al comentario que te han escrito yo creo que no se trata de que una actriz enseñe o nó sus pezones creo que mas bien lo que resulta absurdo es tener que meter escenas de cualquier tipo de desnudo gratuito para reforzar un guión que por si solo no es capaz de tener entretenido al espectador durante el breve espacio de su proyección.
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