martes 17 de junio de 2008

El Incidente

Mi última incursión cinematográfica estaba condenada al fracaso desde el principio.
El primer mal presagio fue lo intempestivo de la sesión; siempre he pensado que un domingo a las ocho de la tarde es el peor momento de la semana para ir al cine, y aún así dedicí tentar a la suerte. Mis funestas sospechas se confirmaron pronto cuando horrorizado descubrí que la sala rebosaba chandal blancos, pendientes de aro y gente equipada con bolsas de Burger King.
El segundo mal presagio, fueron mis inesperadas y optimistas expectativas -siempre hay que ir al cine esperando lo peor- ante una nueva película de M. Night Shyamalan (ahora he descubierto que la M es por Mamón).
Esta semana he sufrido con: El Incidente (The Happening.2008)



En un principio consideré el no diseccionar esta película. Resulta demasiado doloroso para mí, el hecho de ver como el talento de un hombre llamado a ser el Alfred Hitchcock del siglo veintiuno, se desinfla y desaparece a lo largo de producciones de peor y peor calidad argumental.

Este desecho de celuloide disfrazado de thriller, comienza cuando centenares de ciudadanos a lo largo de la Costa Este del Imperio USA, sufren un misterioso mal que les provoca confusión, parálisis, y finalmente un ansia irrefrenable de suicidio; emulando así a cualquier seguidor de la selección española de fútbol. La histeria se adueña de las calles -otra película de trama semiapocalíptica-, y a medida que las evacuaciones se suceden en los núcleos urbanos más importantes, los científicos se devanan los sesos intentando averiguar el origen de este fenómeno, que en un principio tacharon -la explicación fácil- de ataque terrorista.

Por muy sugerente que pueda parecer el argumento -y el trailer, que es preferible ver en lugar de la película, si deciden no tirar el dinero- a priori, no se dejen engañar. La idea original de este despropósito debió surgir así:

Una buena mañana, Shymalan se levantó de la cama y dijo: -¡Vaya, me apatece hacer una película de suicidios porque sí! Da igual si al final no doy explicaciones de nada; total, van a ir a verla igualmente...-

Y en esto consiste realmente esta película, niños y niñas. En un fatuo ejercicio de estupidez, tan olvidable como las rancias palomitas que consumí mientras contemplaba atónito, como otro de mis directores preferidos caía de cabeza a la cloaca.

Desde sus dos últimas películas: El Bosque (The Village. 2004), y La Joven del Agua (Lady in the Water. 2006), la labor de Shyamalan solo puede calificarse de mediocre. No se puede acostumbrar al espectador al jamón de Jabugo, para luego tirarle a la cara un paquete de chopped de Carrefour. Esto sería como si Scorsese se hubiera dedicado a hacer obras de arte del cine junto con Robert De Niro, y de buenas a primeras se decidiera a hacer películas soporíferas con Leonardo DiCaprio como protagonista... Un momento... ¡Eso ya ha pasado!

Aún reconociendo el estilo inconfundible del realizador/guionista/productor hindú, y tirando del clásico repertorio de recursos cinematográficos que incluyen el sobresalto y la imagen turbadora (amén de un nivel un tanto excesivo de casquería), el ritmo se rompe con la inclusión de estúpidos chascarrillos (humor amarillo STYLE!!) que eliminan cualquier hipotética sensación de suspense y desasosiego. ¿Dónde queda ahora aquella magnífica obra titulada El Sexto Sentido (The Sixth Sense.1999) donde uno lo pasaba tan bien, de lo mal que lo estaba pasando?
Es curioso que las dos mejores películas de Shyamalan -en mi humilde opinión de cinéfilo, aunque quien no esté de acuerdo conmigo no tiene idea de cine- sean precisamente El Sexto Sentido y El Protegido (Unbreakable.2000), ya que ambas cintas están ambientadas en la ciudad de Philadelfia (que aparte de ser un queso, es el nombre de la ciudad donde se crió Shyamalan), y en ambas tenemos a un gran Bruce Willis como protagonista.

El reparto está encabezado por Mark Wahlberg, a quien recordamos de aquella aberrante revisión de El Planeta de los Simios (Planet of the Apes. 2001) perpetrada por Tim Burton, de la fabulosa Boogie Nights (1997) y de algún spot de ropa interior. Wahlberg no será recordado, sin embargo, por su actuación en El Incidente, ya que no se puede considerar que levantar las cejas, poner cara de bobo, y actuar de científico experto en todos los campos (cuando en realidad es profesor de instituto) sea hilar una buena interpretación.
Como amigo/víctima potencial (no les estoy estropeando nada; su cara le delata desde el primer momento), encontramos al polifacético John Leguizamo, quien -olvidando esa pesadilla que es Super Mario Bros (1993)- suele dejar buen sabor de boca. En este caso -y salvo el buen hacer de algún secundario-, es lo único salvable dentro de un reparto tan mal seleccionado como prescindible.
Para plantar la semilla del ya clásico problema marital/familiar shyamalaniano, encontramos a la muñeca de trapo actriz Zooey Deschanel, quien sólo destaca por tener un nombre divertido (digno de mascota de un programa infantil de T.V). Hasta bien avanzada la película uno no repara en que se trate de un ser humano. Por lo menos no molesta. Ojos bonitos, por cierto.

La composición musical, corre por cuenta del maestro James Newton Howard, autor de la banda sonora de las anteriores obras de M. Night Shyamalan. Este apartado es lo único salvable de entre hora y media de tomadura de pelo y gente quitándose la vida de mil formas distintas. Bueno, esto y la aparición del maldito iPhone, al que se le ha reservado una memorable escena para los amantes del gore, la casqueria y los reality-show.

Señor Shyamalan, vuelva a casa. Vuelva a Philadelphia y traiga a Bruce Willis con usted.



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1 respuestas:

Milgrom dijo...

Sí, la M es de Mamón, porque vaya truñacos que lleva haciendo el tipo este.